El cyberpunk no es un tema. Es una condición de iluminación con hábitos asociados. El género nació del diseño de producción de la ciencia ficción de principios de los ochenta, que se inspiró en las fotografías nocturnas de Tokio y Hong Kong: carteles apilados en vertical, luz derramándose de los escaparates y calles tan estrechas que cada superficie capta algo.
Tres decisiones hacen casi todo el trabajo. La paleta se basa en opuestos complementarios, normalmente magenta frente a cian, para que un encuadre abarrotado siga siendo legible. La exposición se ajusta a las luces, lo que aplasta todo lo no iluminado hasta dejarlo casi negro. Y el suelo está mojado, porque la lluvia duplica cada fuente de luz.
Después, los detalles humanos evitan que sea un simple estudio de luz: una figura de espaldas a la cámara, vapor saliendo de una rejilla, un cartel en un idioma que no lee. El cyberpunk siempre parece habitado y ligeramente deteriorado, y Artlist captura bien esa textura de uso.